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Cómo comparar dos financiamientos

Dos préstamos con la misma cuota pueden salir distinto. Te mostramos qué mirar —tasa, plazo y CFT— para elegir bien.

Tasas y financiamiento

El orden que importa

Tenés dos ofertas de plata sobre la mesa —un banco, un proveedor, alguien que te descuenta un cheque— y necesitás decidir sin pasarte la tarde armando una planilla. El orden es siempre el mismo: primero ponés las dos tasas en la misma unidad, después chequeás que estés comparando el mismo plazo y el mismo uso de la plata, y recién al final mirás qué gastos trae cada una además del interés. Si salteás un paso, el resultado se ve prolijo pero compara cosas distintas.

El primer paso —pasar todo a la misma tasa— ya lo resuelve el comparador: cargás cada oferta con su dato de origen y te devuelve el número parejo. Lo que la calculadora no puede resolver por vos son los otros dos pasos, porque dependen de la letra chica de cada oferta: el plazo y los gastos. Ahí es donde se filtran las diferencias reales entre dos financiamientos que, a primera vista, parecen empatados.

Cuando los plazos no coinciden

Una tasa comparable no es automáticamente una oferta comparable si los plazos son distintos. Un préstamo a 12 meses y uno a 36 meses pueden tener exactamente la misma tasa anual y no ser la misma decisión: en el más largo pagás esa tasa durante tres veces más tiempo, así que el interés total que vas a desembolsar es mayor aunque la cuota mensual sea más liviana. Eso no vuelve peor al préstamo largo —depende de para qué necesitás la plata—, pero sí vuelve inválida la comparación directa si tratás los dos números como si midieran lo mismo.

La pregunta que ordena esto es para qué es la plata. Si necesitás cubrir un bache de tres meses, un financiamiento a 36 meses no es una alternativa real aunque tenga mejor tasa: vas a seguir pagando cuota mucho después de haber resuelto el problema que la generó, y probablemente con costo de cancelación anticipada si querés cortarlo antes. Si en cambio es una inversión que te va a generar ingresos durante años, un plazo más largo puede ser exactamente lo que necesitás aunque el interés total sea mayor. La tasa dice cuánto cuesta cada peso prestado por unidad de tiempo; el plazo dice cuánto tiempo vas a pagar ese costo. Son dos preguntas separadas y las dos importan.

Lo que la tasa no te cuenta

Convertida y con el plazo bajo control, todavía falta la parte que más sorprende: dos ofertas con exactamente la misma tasa efectiva pueden terminar costando distinto. La tasa mide intereses; no mide el seguro de vida sobre el saldo, el gasto de otorgamiento, la comisión de administración mensual ni el IVA sobre todo eso. Un banco puede publicar una tasa un poco más baja que otro y, sumados los gastos, terminar siendo la opción más cara de las dos.

Ese es exactamente el rol del CFT: junta la tasa más todos los gastos en un solo número anual, así que es el que decide cuando dos préstamos parecen empatados por tasa. No hace falta desconfiar de la tasa que te muestran —es un dato real—, pero sí hay que tratarla como el primer filtro, no como el veredicto final. El veredicto lo da el CFT, y en la Argentina el Banco Central obliga a publicarlo junto con la tasa de interés precisamente porque, si no fuera obligatorio, muchas ofertas lo dejarían afuera del cartel.

Qué preguntar antes de firmar

Con esos dos filtros en mente, hay tres preguntas concretas que conviene hacer antes de comprometerte con cualquiera de las dos ofertas:

Antes de firmar
  • ¿La tasa que me están dando capitaliza, y con qué frecuencia? Sin ese dato no la podés convertir a nada comparable.
  • ¿Hay gastos además del interés —seguro, otorgamiento, administración— y están incluidos en el número que me mostraron?
  • ¿Cuál es el CFT? Si no lo tienen a mano o lo dan como un dato aproximado, es una señal de que todavía no compraste la oferta completa.

Aviso Un CFT que no aparece por ningún lado —ni en la propuesta ni cuando lo pedís— no es un detalle menor: es la parte del costo que más se presta a quedar afuera del cartel, así que pedilo por escrito antes de decidir.

Un caso con tres orígenes distintos

Pensá en una situación típica: un banco te ofrece una TNA para un préstamo, un proveedor te da una tasa a 30 días por pagarle a plazo en vez de al contado, y por otro lado tenés la posibilidad de descontar un cheque que tenés en cartera. Tres números, tres orígenes, ninguno directamente comparable con los otros dos tal como te los dieron.

El orden de trabajo es el de arriba, aplicado en serie. Primero, cada oferta a la misma tasa: la TNA del banco con su capitalización, la tasa a 30 días del proveedor anualizada, el descuento del cheque convertido a tasa de interés equivalente —esa parte la hace el comparador con los tres datos de origen cargados. Segundo, revisás que el plazo tenga sentido con lo que necesitás: si el cheque te resuelve una necesidad de caja de dos semanas, no lo compares contra un préstamo a un año como si fueran sustitutos, y descartá las que no sirven para tu plazo real. Tercero —el paso que no conviene saltear ni con las que quedaron peor por tasa—: pedís gastos y CFT de todas las que sigan en carrera, no sólo de la que venía mejor ubicada. Es el mismo caso de la sección anterior: una tasa más alta con menos gastos puede terminar en un CFT más bajo que una tasa más baja con más gastos, así que si sólo chequeás la que ganó por tasa, podés estar dejando afuera a la que en realidad sale más barata. El CFT de cada candidata —no la tasa de ninguna— es el que decide.

Glosario
TNA
Multiplica la tasa de un período —casi siempre un mes— por la cantidad de períodos del año, sin capitalizar los intereses. Es la que anuncian los bancos, pero no es comparable directamente: para eso mirá la TEA.
TEA
Es la tasa que capitaliza los intereses período a período y devuelve el interés real de un año completo. A diferencia de la TNA, dos TEA sí se pueden comparar entre sí — pero comparan sólo el interés: si el préstamo tiene gastos o seguros, el número que manda es el CFT.
CFT
Es el costo total de un crédito expresado como tasa anual, sumando intereses más todos los gastos —seguros, gastos administrativos, IVA sobre esos gastos—. Es la cifra que de verdad compara dos préstamos, más que la tasa de interés sola.

Esto es material educativo, no asesoramiento financiero.